Antes de comprar aire acondicionado, merece la pena pararse a pensar cómo es tu vivienda y cuánto quieres complicarte con la instalación, porque no todos los equipos funcionan igual ni piden lo mismo a la hora de montarlos.
Es la opción más rápida de tener en marcha, ya que no necesita instalación fija: solo hay que sacar el tubo de salida de aire por una ventana o una rejilla y enchufarlo. Va sobre ruedas, así que puedes moverlo de una habitación a otra según lo vayas necesitando, algo perfecto si vives de alquiler o si simplemente no quieres hacer obra en las paredes.
Es el más habitual en las casas que buscan una solución fija y más potente. Se compone de una unidad interior, la que ves colgada en la pared del salón o del dormitorio, y otra exterior que va fuera de la vivienda, conectadas entre sí. Necesita instalación por parte de un técnico, pero a cambio ofrece un enfriamiento más silencioso, más eficiente y capaz de cubrir estancias más grandes sin esfuerzo.
Funciona de forma distinta a los dos anteriores: enfría el aire haciéndolo pasar por agua, en lugar de usar gas refrigerante. Consume bastante menos electricidad, aunque su capacidad de bajar la temperatura es más limitada, así que suele funcionar mejor en climas secos o como refuerzo en estancias donde no necesitas un frío muy intenso.
Da igual el tipo que elijas, hay varios datos que conviene revisar para acertar con la compra.
Frigorías o BTU: indican la capacidad de enfriamiento del equipo, y cuanto mayor sea la estancia que quieres climatizar, más frigorías necesitas para que el aparato no se quede corto.
Clase energética: los equipos de aire acondicionado con etiqueta A+++ consumen bastante menos electricidad que los de clase A o B, algo que se nota en la factura si vas a usarlo con frecuencia durante todo el verano.
Nivel de ruido: si el equipo va a estar en el dormitorio, conviene fijarse en los decibelios que emite, ya que un aparato ruidoso puede hacerte compañía de una forma poco agradable durante la noche.
Función frío y calor: algunos equipos, sobre todo los split, incluyen también función de calefacción, así que te sirven tanto en verano como en invierno.
El portátil no necesita instalación fija y se puede mover de una habitación a otra, mientras que el split requiere una unidad exterior conectada a la interior mediante instalación profesional, a cambio de un enfriamiento más eficiente, silencioso y potente.
Como referencia general, se suelen calcular unas 100 frigorías por cada metro cuadrado, aunque también influye la altura del techo, la orientación de la estancia y cuánto sol recibe. Para un salón de tamaño medio, los equipos de 2.000 a 3.000 frigorías suelen ser suficientes.
Sí, la instalación de un equipo split implica trabajar con gas refrigerante y conectar la unidad interior con la exterior, así que se recomienda encargarlo siempre a un profesional cualificado para garantizar tanto el buen funcionamiento como la seguridad.
El climatizador evaporativo enfría el aire mediante agua, con un consumo eléctrico mucho más bajo, mientras que el aire acondicionado tradicional utiliza gas refrigerante y consigue una bajada de temperatura más intensa, aunque con un gasto energético algo mayor.
En general, no llega al mismo nivel de eficiencia, ya que el tubo de evacuación deja escapar parte del calor por la propia ventana. Para estancias pequeñas o un uso puntual funciona bien, pero si buscas un enfriamiento constante en toda la casa, el split suele dar mejor resultado.
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Ahora te paso las otras dos, pero antes déjame confirmar: para no repetir demasiado contenido entre las tres páginas (general, portátil y split), voy a enfocar cada una en suPara añadir productos a tu lista de favoritos, necesitamos que entres en tu cuenta.